Ideas para una generación

Mauricio Torres

México, DF (1984). Periodista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde desde 2005 ha sido asistente de profesor. Fue corresponsal de la revista electrónica Terra Magazine Latinoamérica, para la que reporteó temas de política, economía y sociedad. Durante tres años, de diciembre de 2006 al mismo mes de 2009, se desempeñó en la sección de Opinión del diario El Universal, en la que fue coeditor y colaboró en el blog e-joven. Actualmente labora en Grupo Editorial Expansión. Adicto al trabajo, obsesivo de la información y ocioso del lenguaje, sus textos pueden consultarse en el sitio mautorresc.blogspot.com.

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Acuso recibo de los comentarios al dardo pasado, titulado “Generación del ‘sí pero no’”. Pocas o muchas las personas que a uno lo lean, considero que todo aquel que preste atención merece al menos lo mismo y, como en este caso, una respuesta a sus planteamientos.
La ocasión lo amerita más en virtud de la importancia del tema, es decir, los problemas que aquejan a un buen número de jóvenes de principios del siglo XXI, y de que pienso que al intentar dar contestación a ciertas ideas se puede lograr una mejor compresión del mismo.
Me centro en dos comentarios y comienzo con la crítica fundada de un amigo. Generalizas demasiado, escribía, y eso resta cualquier mérito que pudiera tener tu reflexión. En efecto, sé que resulta impreciso afirmar que toda la juventud mexicana pertenece a una generación con acceso a la educación o a la globalización sin querer aprovecharlas, o que toda ella es intolerante, conformista y poco participativa. La desigualdad social aún excluye a millones de personas de los planteles educativos, de las tecnologías y del conocimiento, y hay muchachos que mantienen una inconformidad activa y propositiva para con el actual estado de cosas.
Así, aunque traté de evitar el desatino refiriéndome a “la media de los jóvenes”, tal delimitación es insuficiente o incluso injusta. Asumo ese error y busco corregirlo. Sin embargo, creo que las fallas que señalé tanto en el sistema como en la población no son hechos inexistentes ni aislados, sino patrones visibles que no son atendidos y que tendrán graves consecuencias para México: descontento, fuerza productiva desperdiciada, mayor atraso.
Respecto del segundo comentario, una amiga me preguntaba qué propongo para remediar el negro panorama. Para ello presento planteamientos en torno a dos temas interrelacionados: educación y empleo.
El lugar común reza que “todo es cuestión de educación”, desde por qué no separamos la basura, atendemos la señalización vial o respetamos al vecino, hasta por qué dejamos que los monopolios públicos o privados abusen de nosotros o nos permitimos tener los políticos que tenemos. Fuera de esa simplificación, me parece que esos problemas sí parten en buena medida de deficiencias educativas en materia ambiental, económica, cívica, política, y que empezar a resolverlos requiere transformar los métodos y los contenidos impartidos por el Estado dentro y fuera de las aulas.
Con la educación actual, tomada más como un botín político que un bien social, tendemos a reproducir un sistema cuya decadencia es evidente, en vez de formar los ciudadanos que podrían construir un mejor país.
De ahí paso al tema del empleo. No pocas voces han señalado que la mayoría de los trabajadores mexicanos están subcalificados en relación con el mercado laboral global (en el otro extremo, hay quienes están sobrecalificados para el ámbito nacional). Al no recibir la preparación que necesitan, los mexicanos salen a competir en desventaja por plazas de por sí escasas, lo que se agrava por el hecho de que tenemos exceso de profesionistas en determinadas áreas y déficit en otras.
No obstante, esto podría hallar solución si, como ha expuesto gente como José Sarukhán, con una visión de Estado y de largo plazo se definieran las necesidades nacionales y se orientaran los planes educativos hacia allá. Vincular a escuelas, universidades e institutos de investigación con el mundo del trabajo, de la administración pública y de la cultura nos reportaría beneficios, no más desempleados.
Las anteriores son sólo dos propuestas frente a un conjunto de problemas complejos, pero buscan sintonizar con uno de los ánimos más edificantes que he percibido en estos días de proceso electoral: para remediar nuestros males no basta quejarse; hay que aportar.

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1 comentario

  1. Demian agrega este comentario | Permalink

    uhmm amigo eso de la educación es algo realmente díficil. Si no has vivido en un barrio, trabajado por 500 pesos a la semana en una fábrica pequeña o un mini súper, no entenderás lo que la educación significa para una mente alienada por el trabajo que sólo busca distraerse con alcohol, videojuegos y drogas. Cuando hablas de la educación cívica, ambiental y política, estás refiriéndote a jóvenes que comparten el mismo contexto social y de oportunidades que el tuyo. Personas que pasaron por la educación superior en alguna universidad reconocida mundialmente, que tratan de cumplir con su deber como ciudadano a la sociedad y que se mantiene informado del panorama político no sólo de su entidad si no del planeta.
    En México uno de cada dos mexicanos es pobre. La mayoría de los jóvenes optan por trabajar en alguna fábrica (o al menos eso sucede en el norte del país), su educación no sobrepasa la media superior, se escudan en la “hueva” para tirar basura a diestra y siniestra en las calles y su idea de la política y el compromiso social es la misma idea de aversión que la mayoría de los jóvenes tenemos.

    Otra cosa en materia de educación que arruina al país es el centralismo o la centralización de todos los recursos que el gobierno destina en materia de educación y que, como sabes, son absorbidos por algunas instituciones como la UNAM y que deja en la ruina a todas las universidades públicas de provincia.

    Y sobre el empleo que puedo decirte… Tengo meses buscando un empleo y he visto muchos despidos y ninguna creación de nuevos empleos. El gobierno justifica la situación por la crisis económica mundial que estamos pasando, pero yo he visto que el desempleo en nuestro país, o al menos puedo hablar por el Noreste de México, no empezó a gestarse a mediados del 2008. El desempleo en nuestro país es un viejo cuento muy conocido por todos esos mexicanos que ganan menos de $5000 pesos mensuales y que son considerados pobres.

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