El “ejemplo” del narco

Mauricio Torres

México, DF (1984). Periodista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde desde 2005 ha sido asistente de profesor. Fue corresponsal de la revista electrónica Terra Magazine Latinoamérica, para la que reporteó temas de política, economía y sociedad. Durante tres años, de diciembre de 2006 al mismo mes de 2009, se desempeñó en la sección de Opinión del diario El Universal, en la que fue coeditor y colaboró en el blog e-joven. Actualmente labora en Grupo Editorial Expansión. Adicto al trabajo, obsesivo de la información y ocioso del lenguaje, sus textos pueden consultarse en el sitio mautorresc.blogspot.com.

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Hay muchas lecciones que el campo puede aprender del narcotráfico, declaró el miércoles pasado el entonces subsecretario de Fomento a los Agronegocios de la Sagarpa, Jeffrey Max Jones. Según el ex funcionario, aunque los cárteles “desafortunadamente están apostando a un cultivo nocivo”, han sabido “definir el mercado y luego orientar el aparato productivo, la logística para poder surtir estos mercados”.

Sus palabras, tal como era de esperar, no sólo causaron polémica y dieron nota sino que, más temprano que tarde, le costaron el puesto. Apenas el jueves por la noche, la Secretaría de Agricultura emitió un comunicado en el que difundió su “renuncia” al cargo.

Tal consecuencia era previsible en la medida de que el peculiar elogio de Jeffrey Max Jones hacia el narco contradice la ofensiva policiaco-militar e ideológico-discursiva que el Ejecutivo federal ha dirigido contra este delito desde que arrancó el sexenio. Ahora, aparentemente terminado el escándalo mediático, conviene analizar lo dicho con mayor detalle.

Fuera de que la declaración resultó pésima en términos políticos para el gobierno, detrás de ella se esconden realidades mucho más dramáticas. La primera de ellas es que, en efecto, el tráfico de drogas es un negocio sumamente rentable.

A finales de septiembre, David Robillard, director general de la consultora global Kroll México, estimó que el narco maneja ingresos de 25 mil a 40 mil millones de dólares anuales, es decir, entre 325 mil y 520 mil millones de pesos anuales, cifra superior a nuestro hueco fiscal.

La pujanza del negocio queda patente en su expansión territorial, en el poder de fuego exhibido por sus bandas criminales y en su capacidad para corromper funcionarios de todos los niveles, y radica en que, como dejó ver Jeffrey Max Jones, tiene un mercado sólido. Sin embargo, el ex subsecretario pasó por alto que para controlar plazas los cárteles no “compiten” limpiamente sino que recurren a actos violentos que arrastran consigo a la población civil, y que para funcionar también gozan de la protección de autoridades.

Otra realidad puesta al desnudo es que, como sucede en Sinaloa, para un campesino puede ser más redituable sembrar mariguana o amapola en lugar de jitomate. Testimonios reproducidos en los medios dan cuenta de esta faceta del grado de deterioro al que ha llegado el campo mexicano, debido al descuido oficial y nacional y a que cuantiosos subsidios del Estado en su mayoría van a manos de grandes productores que no los necesitan o a centrales corporativas, mas no a los pequeños agricultores.

Asimismo, este hecho reitera que en su “guerra contra las drogas” la actual administración federal únicamente presta atención al enfoque represivo, o sea, el uso de la policía o de las Fuerzas Armadas, pero soslaya o de plano ignora aspectos sociales como el combate efectivo a la pobreza vía el impulso al empleo y la generación de oportunidades, la prevención racional y no moralina del consumo, la rehabilitación de adicciones y la no estigmatización del consumidor.

La lógica gubernamental, pues, parece sustentarse más en dogmas de eficacia cuestionable (“Para que la droga no llegue a tus hijos”, “Limpiemos México”) que en una visión amplia, práctica y eficaz del problema.

Quizá esta última sea la realidad más desoladora por cuanto anuncia un horizonte futuro incierto: el gobierno, pese a toda la evidencia que pone en entredicho su estrategia actual, no da indicios de buscar replantearla. En otras palabras, como con el paquete económico, aquí tampoco hay “Plan B”. Y aunque nadie duda que deba enfrentarse al narcotráfico, el camino por el que lo hacemos simplemente no permite creer que vayamos ganando.

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2 comentarios

  1. ariel jimenez agrega este comentario | Permalink

    EL EJEMPLO DE MAX JONES SOBRE COMO OPERA UN DETERMINADO GRUPO QUE QUIERE PROGRESAR SIN ESTAR BAJO EL COBIJO DE PAPA GOBIERNO ES LO QUE LE OCASIONO SU RENUNCIA SI EN LUGAR DE HACER USO DE LA PALABRA “NARCOS”, UTILIZARA LA PALABRA “PEQUEÑAS EMPRESAS” SEGUIRIA FUNGIENDO COMO PARTE DEL GOBIERNO Y NO PASA NADA, SIN EMBARGO HAY QUE TOMAR EN CUENTA EL PODER DEL AMARILLISMO PERIODISTICO.

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  2. Mauricio Torres agrega este comentario | Permalink

    Hola, buenas tardes. Gracias por el comentario.

    La verdad, dudo que el ejemplo citado por el ex funcionario pueda equipararse con el de “un grupo que quiere progresar sin estar bajo el cobijo de papá gobierno”. Ni creo que el narcotráfico sea sinónimo de progreso ni que los cárteles actúen sin el amparo de gente dentro del mismo gobierno.

    En todo caso, lo que menciono no es un ataque contra Jeffrey Max Jones; apunto a que más allá del escándalo (o sea, del amarillismo) por sus declaraciones hay realidades que no están siendo atendidas, como la obtusa estrategia oficial contra el narco o como el hecho de que hay comunidades en el desamparo, espacios que son desocupados por el Estado y que, de una u otra forma, ocupan los cárteles.

    Ojalá nos sigamos leyendo. Saludos.

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