En el camellón de Reforma hay una changuera que en la parte alta tiene una cabeza de caballo con la que mi hijo distingue entre el “parque del caballo” y el “parque de los tres caballos”, que está junto a Río Mayo y tiene una escultura ecuestre. Antier encontramos decapitado al primero. Realmente el niño no ha perdido nada, creo, y el adorno ciertamente no era “útil”. Es sólo que todavía me pregunto qué ganaba quien vandalizó así los juegos; y aunque admiro cada vez más las explicaciones de Íñigo: “anoche una bruja y un fantasma malos se llevaron al caballito, papá”, y la idea me pareció tan acertada que preferí ya no explicarle nada, al final sí soñé una bruja sobre un caballo fantasma.
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