Si usted creía que después de tantas cosas sucedidas en nuestro país todo estaba dicho, habría que remitirse a la campechana nota que nos regaló el príncipe Willem Alexander de Bélgica el pasado miércoles 4 de noviembre en el seminario “Sustentabilidad y Eficiencia Energética”: “Déjenme concluir citando un proverbio mexicano: ‘Camarón que se duerme, se lo lleva la chingada’”, dijo con especial gracia el güerito historiador.
¿Concluir qué?, sería la pregunta inmediata. He aquí varias respuestas:
A. La embajada belga dijo que la frase pronunciada por este noble belga está completamente sustentada y justificada en la preocupación que tanto él como su país tienen respecto del uso inadecuado de la tecnología en todo el mundo, pues propicia el cambio climático; y al ser nuestro país uno de los territorios más privilegiados por la naturaleza se debe prestar especial atención para evitar daños catastróficos. En otras palabras, quisieron recordarnos que nuestra incapacidad como país del tercer mundo en materia de explotación de energéticos nos podrían dar un buen susto porque, al fin recursos no renovables, la riqueza se acaba.
B. Los mexicanos estamos seguros en un 90% que fue una travesura muy de nuestro pueblo hecha por algún corrector de estilo o redactor. Ocurre que los mexicanos somos expertos en alburear, tomarles el pelo y hasta desinformar en materia de frases de doble sentido a los extranjeros que “incautamente” –sabemos que todos son inocentes ante nuestros albures hasta que se demuestre lo contrario– vienen a conocer la grandeza de nuestro país. Recuerdo que en la preparatoria llegó de intercambio una japonesa a la que le enseñaron a decir “hasta luego” mostrando la palma de la mano con los dedos engarruñados hacia dentro. Mis compañeros le dijeron que era de una finísima educación despedirse así de las personas, sobre todo de las mayores y de nuestros maestros. Ya sabrán lo que ocurrió cuando se despidió de la maestra de Español… El caso es que, visto a priori, el belga nos cayó a todos muy bien por su campechana manera de decir las cosas, y muy probablemente será recordado por muchos con harto cariño. El mismo Brozo hizo una broma al respecto al mencionar que nada se podía esperar de un príncipe que venía de los Países Bajos… juzgue y ríase después.
C. Sin embargo, hubo quienes se aventuraron a pensar que el mismo príncipe sabía la intención de la frase, y por lo tanto la dijo con dolo. Es más que evidente que ningún país del primer mundo se preocuparía tanto por sus hermanos menores, a no ser que sus actos le traigan un perjuicio directo, como ocurre siempre en materia de energéticos. Entonces, decir “Camarón que se duerme, se lo lleva la chingada”, más que verse como un acto muy foxiano, es sin lugar a dudas una amenaza previa al “te lo dije”, amenaza que no existiría si el subsuelo mexicano no contara con una vastedad insuperable por países tan pequeños como Bélgica en dicha materia. Eso pudiera afirmarse con la desafortunada declaración de la embajada al decir que “las famosas pirámides aztecas del Sol y la Luna en Teotihuacán aún atraen a miles de turistas cada año”. Y es que cuando los aztecas descubrieron la actual zona arqueológica de Teotihuacan, al parecer sus pirámides llevaban alrededor de siete siglos de no ser habitadas por alguien, por lo que difícilmente pudiera decirse que fueron los aztecas quienes las erigieron, con lo cual podemos entender que de México se sabe todo muy parcialmente, menos lo que genera ganancias de tipo económico.
Así las cosas, una vez más la parafernalia en materia de energéticos y tecnologías se vio rebasada por una frase que enmarca la verdadera riqueza mexicana: las máximas con albures y/o malas palabras. El mexicano en su sabiduría incomparable se burla de sí mismo. Por eso se permite burlarse de los demás. Incluyendo la muerte. Incluyendo los nobles y hasta la riqueza del subsuelo.
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