Que los integrantes de la actual administración federal nos presten sus lentes para poder ver mejor. Sólo así entenderemos cómo el representante del poder Ejecutivo Federal tuvo la puntada de decir que en México ya no hay crisis. Que el catarro ya pasó.
¿Cómo, si todavía andamos constipados? ¿Cómo, si cuando salimos a la calle en nuestros coches ya procuramos no ir “al infinito y más allá” porque la gasolina ya no rinde igual que antes, y nuestros sueldos no se han incrementado para contraponer el disparo en los precios de hidrocarburos, energía eléctrica y alimentos?
¿Cómo, si ya cada vez es más oneroso repartir monedas al fenómeno de la multiplicación de los indigentes? ¿Cómo, si ya es una noticia conocida por todos que las familias más pobres de este país compra croquetas para poder comer, porque su salario –si es que perciben uno y no son parte del otro porcentaje de familias que sobreviven con menos de un dólar al día– no les alcanza para más? ¿Cómo, si los más afectados por la influenza, son, curiosamente, personas con bajas defensas a consecuencia de una desnutrición?
Sabemos que es una costumbre hacer discursos que hablan de una realidad paralela, la de ustedes, la clase política. Sabemos que su perspectiva de las cosas es distinta. Y ni hablar de los legisladores, quienes en vez de trabajar se regalan bonos y se autoregalan días de asueto (léase el próximo puente del 20 de noviembre: se darán el 16 y el 20 para descansar de las jornadas tan extenuantes que llevan en sus dos pesadísimos períodos de sesiones). Pero al pueblo ya le empieza a calar tanta falacia retórica.
Más valdría, como ya lo dije una vez en este segmento, hablar con la verdad y tratar de enmendar lo que está mal.
Y vuelvo a insistir en la eliminación de prerrogativas a los integrantes del Congreso de la Unión, de los Congresos Locales, del Ejecutivo Federal, Estatal y Municipal, y del Poder Judicial, a nivel Federal y Estatal. Que se eliminen los subsidios otorgados a los partidos políticos: si se trata de ejercer la acción política, habría que empezar por hacer conciencia entre sus miembros, enseñarles ética –a pesar de sus años, a pesar de su estirpe–, llevarlos a los puntos de miseria, recordarles que tienen corazón y que los de enfrente son, aunque no les guste, seres humanos que merecen su respeto. Que se maneje la transparencia para aceptar los logros y las fallas del sistema, que se omitan los juicios y empezar desde cero.
Pero no más mentiras. No más fomento a la crisis con el aumento de los impuestos. No más perjuicios a la clase media laboralmente activa, la mártir, la que sostiene al resto del país. No más, por favor.
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