Quién mató a la pirámide invertida

José Guaderrama

De Ciudad Juárez, Chihuahua. Periodista. Reportero en El Fronterizo, Norte, El Diario, periódicos de Juaritos todos. A partir de 1996, huésped de los defeños, y editor de internacionales y política en El Economista. Del 2003 y hasta fines del 2008, en labores de comunicación en San Lázaro y en el Senado. Colaborador de Día Siete y actualmente coeditor de la sección México, en El Universal

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La pirámide invertida no ha muerto. La academia periodística no debe olvidarla.
El ejercicio periodístico no debe limitarse a ideas desordenadas bajo limitantes poco ortodoxas. La entrada debe ser sublime, y siempre lo más importante de la noticia.
Luego debe seguir el desarrollo, aderezado de citas textuales con sus referentes. A continuación, los datos concretos y el remate con aquello que de un buen cierre.
Es un absurdo pensar que la tecnología otorgue tal amplitud, como para dejar a los nuevos periodistas navegando en un “maremoto” de redacción.
Cambiar de estilos no debe ser motivo para “pelear” con las buenas formas.
La pirámide invertida sigue vigente. Y el que lo niegue, que explique el por qué vemos tantos textos sin forma, incongruentes, y “zombies” sin sentido por todas las redacciones.
El quién, el cómo, el dónde y cuándo deben ser enterrados como prioridad, pero la nota piramidal no.
Las redacciones online publican íntegro el texto de quien envía, pero en bastantes ocasiones incurren en fallas enormes.
Lo más importante siempre será el primer párrafo de la noticia…habría qué pensar en ello.

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4 comentarios

  1. Mi fantasma agrega este comentario | Permalink

    Vaya, ¡muy bien por lo anterior! ¡Qué no muera esa pirámide!, que la entrada sea más que sublime y no busque la subestimación secular; que la palabra sirva de conexión como antesala al juicio directo, pero, al mismo tiempo, adquiera autenticidad y no olvide evaluar el (propio) error.

    En cuanto a las citas textuales, apelemos —valga la villanía del asunto— a Carlos Bastidas al reconocer el sentido y darle prioridad a un argumento ajeno, sustentarlo y admitir aquellas “curaciones de salud y manifestaciones de honradez intelectual (las comillas para las ideas de los otros)”.

    No sé usted, pero pienso, entonces, que la pirámide relegada seguirá así hasta que cierto/s periodistas dejen a un lado la insuficiencia de sus consideraciones. Apoyo lo que usted explica, me gusta el manejo de su intensión. No obstante, mi recomendación es la siguiente: Más allá de buscarle un sinsentido a las cosas, búsquele sentido y lo que no sirva, deséchelo (o no lo lea).

    Con todo respeto: deje de confabular culpables, cada quien a lo suyo.

    *Me refiero a los periodistas que fingen que piensan… saludos!

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  2. Jose Guaderrama agrega este comentario | Permalink

    Ya ve señor fantasma, a eso precisamente me refiero. A la golosa tentación de ser más que rebuscado y buscarle eufemismos literarios a lo que tiene nombre.Ignoro a que se dedique usted -ni me importa, claro está-,y me halaga que le guste el manejo de mi “intensión” (sic). Adoro a aquellos que piensan que se pueden pasar la vida escribiendo verborrea, antes de poder siquiera redactar algo en serio, porque me dan la oportunidad de contestar de la manera más clara, desechando precisamente toda esa oscura telaraña con la que rodean sus palabras como si en realidad fuese un manto angelical el las envolviera. Mi estimado amigo: no señor.Que la tentación no lo engolosine, lo que no le sirva no lo lea, pero no finja que sabe de periodismo, aunque alardé de pensar demasiado.

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  3. Mi fantasma agrega este comentario | Permalink

    Por supuesto, y vea entonces cuán sincera puedo ser con mis palabras —cuán torpe si usted lo afirma, y yo lo reconozco—. A usted le queda bien el papel de corrector de estilo, de corrector de ideas ¿por qué no? ¿Debería asustarme de mis faltas? No, la idea de perfección no me es imprescindible.

    Y sabe… hace bien, mi formación no debería inquietarle, ni a usted ni a nadie. Cierto, y vea entonces como yo no me escondo para aceptar, no mi error, sino la soberana estupidez que escribí. Pero ya ve… para su desgracia, mi postura sigue siendo la misma: Yo me ocupo de evaluar mis errores, no los del vecino. Le recuerdo, además, que el primero en ocupar esos “eufemismos literarios”, fue usted (haga memoria) y no sólo eso, también usted habló en otro lugar (en otro dardo) de darle prioridad al fondo de un escrito ¿a poco ya no se acuerda?

    Sea consiente: hasta que yo no me detenga a leer lo “bueno” y lo “malo” no voy a encontrar una postura en la que hallen acomodo la medianía de mis ideas; por eso tengo que nutrirme de ambas cosas, para elegir con qué si estoy de acuerdo y con qué no. En la vida habrá mucho que nos sirva sí, o poco, pero no me atrevería a tachar a la ligera a ese “todo inmaterial” de: inadecuado, impropio, incoherente, sin conocer antes el propósito o la finalidad del que me está hablando.

    Preocupación por la perfección, no la tengo.

    Es más, no creo que usted sepa a detalle el trasfondo de las palabras de un escritor/a “oscuro”. ¿Sabe en realidad a cuántos autores se les ha estigmatizado de oscuros?, ¿lo sabe…? Para mí es una lástima que ya casi no existan, que el ser humano no proponga con su voz, con su pensamiento; porque con el pensamiento y la voluntad, créame, se logran cosas increíbles.

    Como dato cultural —o, como quiera verlo—, le informo: La palabra ´intensión´ sí existe en el diccionario. Si no me cree, lo invito a investigar por su cuenta.
    Revise ahora sus faltas, yo, no estoy dispuesta a enumerarlas.

    … Señor, no sea perezoso, que no lo espanten los textos largos, tampoco se quiebre la cabeza. ¡Y alégrese!, yo ya no comento aquí.

    Después de todo hasta siento que lo admiro!

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  4. Jose Guaderrama agrega este comentario | Permalink

    No, si no pongo en paréntesis “intensión” porque no sepa que existe como palabra y que tiene su significado, sino porque sé que no era su intención escribirla de tal forma. Porque hubiése sido mucho más fácil escribir que comprendía mis palabras en toda su intensidad, y no al revés.
    Lo oscuro tampoco me molesta. En realidad compagino con ello. Las telerañas, oscuras, en la mentes de aquellos que frente a mi miran inusitados cómo los otros no piensan igual que ellos, eso es lo que me asusta, pero tampoco me quita el sueño.
    Vague usted señor fantasma, o señora, según parece por su redacción. Yo no me escondo para decir lo que pienso. Creo que esa es, en realidad, la gran diferencia entre usted y yo. Yo al pan le llamo pan, y al vino, vino. Aborrezco el eufemismo y la literatuletanía.

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