Si la viera en un antro, no le tiraría la onda. Es hermosa. Pero dudaría que fuera mayor de edad: las coletas, los lentes redonditos… y abajo, abajo el uniforme camuflajeado con los colores de la arena y de la piedra, la mochila, las botas de fabricación especial para los Marine Corpses.
Camina por el corredor del aeropuerto. La veo. Nadie la mira. ¿A dónde va? ¿Sabe a dónde va? ¿viene de regreso? Quisiera acercarme y preguntarle si de verdad quiere matar a alguien, si está convencida de que quiere llenar de cadáveres su cabeza… o si ya tiene varios cadáveres en su cabeza. La veo. Nadie la mira. Y justo cuando voy a preguntarme por qué nadie la mira, me doy cuenta de que por el aeropuerto caminan muchos otros niños-soldados.
La Cruzada de los Niños (otra vez Vonnegut). En verdad que algo está mal, muy mal, cuando hay niños armados. (Lo de menos es que quien los mande tenga un Premio Nóbel de la Paz).
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