Este año que termina, me peleé con cinco recepcionistas, salí recordándoles a la más vieja de su casa de dos centros Telcel, le colgué el teléfono a una veintena de sus “asesores telefónicos” y me quejé varias veces de sus “asesores”. Ya estoy harta de su pésima atención al cliente.
La inmensa mayoría de los “asesores” de casi cualquier empresa privada prestadora de servicios, no tienen la mínima educación para dirigirse a nadie, no tienen paciencia ni tolerancia, ni conocen la cortesía; requisitos indispensables para un vendedor o asesor de servicio, y ya ni hablemos de la inexistencia de un sistema selectivo o de capacitación en materia de educación social para atender clientes.
En la ventanilla de Telcel, por ejemplo, te topas con una tipa jetona que al momento de recibirte apenas a las 10 de la mañana, ya está de malas y no responde al llamado de “Buenos días señorita”, ni te voltea a ver mientras hablas y te interrumpe para decirte: “revise su contrato, ahí dice todo”, o “pues qué raro, eso no le había pasado a nadie” o algún comentario despectivo contra el quejoso, al que sigue sin mirar ni siquiera de reojo.
El problema no es que te manden por un tubo, sino cómo te mandan por un tubo. Si osas decirle: “señorita, le estoy hablando”, la fulana te mirará burlonamente y pelará los ojos pestañeando al tiempo que dice “¿Así le parece?”.
Ahora la molestia no es que te hayan cargado 200 pesos de más, no, ahora lo que te enoja es que además de que te ha tratado como a un limosnero, se ha burlado de ti.
Claro que cuando buscas a un gerente, éste se te quedará viendo con una sonrisita idiota y te dará el avión con un tono deliberadamente chancero: “si, señora, usted tiene la razón, por supuesto, todos somos unos tontos menos usted”.
En el call center no es muy diferente, estos valentones del auricular dicen una cosa y el que sigue dice otra, o peor aún, ya cuando los hartaste, salen con frases como: “pues ni modo, así viene el cargo y si no tiene para pagar contrate un Amigo”, entre otras lindezas humillantes para recordarle a Usted, cliente, que él, la voz, tiene el poder.
Ayer leía en la recepción de los Laboratorios El Chopo, algunas de las obligaciones que los empleados deben tener con sus clientes:
-Mirarle a los ojos cuando Usted habla.
-Ser amables en todo momento.
-Responder todas sus dudas de manera cortés.
-Explicarle si es preciso, varias veces, un procedimiento hasta que Usted quede satisfecho.
¿Cuántos de estos requisitos cumple Telcel? Ninguno.
Sólo por no soportar a sus “asesores”, me he cambiado de empresa telefónica. ¿Les importará? Seguro que no, pero yo he descansado de su atención de quinto patio.
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